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Compost de maleza, Compost Templario, o el método de Jean Pain

 

Fuente: L.J.R.J. tomado de una orden del temple

El compostaje es una actividad que ya se realizaba en tiempos antiguos, el primer documento escrito sobre técnicas de compostaje data del Siglo XIII y se refiere a la realización de dicha actividad por parte de la Orden del Temple. En él se determinan claramente datos sobre humedad, tamaño de partícula y otras características del compost, el cual utilizaban sobre la superficie de las tierras, con lo que se obtenían hortalizas sanas prescindiendo del riego.

 

horca, ecoaldea.com

Este método de compostaje se basa en el aprovechamiento de restos de poda de setos y biomasa arbustiva del bosque o del campo triturada; se trituraban toda clase de plantas forestales arbustivas y herbáceas, se empapaban en agua durante dos días y se apilaban para su fermentación. A las tres semanas el montón ya había sufrido la primera fermentación, y el volumen se reducía a la mitad, entonces con una horca se deshilachaba el material medio compactado. De esta forma el material quedaba preparado para su compostaje definitivo, que estará listo en tres o cuatro meses. Una vez obtenido el compost nunca se mezclaba con la tierra del campo, sino que se depositaba sobre el suelo.

¿Y que propiedades tiene? Pues el compost de los Templarios tiene dos propiedades bastante interesantes: aumenta la capacidad del suelo para retener agua, con lo que no son necesarios los riegos o lo son en mucha menor medida, y a largo plazo, en un periodo de más de tres años, mejora la producción y produtividad de la tierra, aumentando el humus estable.
Este método fue readaptado por el francés Jean Pain al conocido como método Biodinámico, que se usa en la actualidad.

método de Jean Pain

Traduccuón refrita, fuente original: Artículo de Jean Pain, extracto de Enciclopedia de Agricultura Biológico,
publicada hacia 1975 por las ediciones Debard,  bajo la dirección de Henri Messerchmit.

(Son muy curiosos otros usos derivados como la producción de metano o calor experimentados por Jean Pain que tienen como base al compostage de maleza.)

 

Cada año, millones de toneladas de malezas, subproductos de los bosques... están disponibles para la agricultura.
La facilidad de su cosecha, su aptitud a hacer buen compost, la hacen una materia prima muy barata, de una riqueza incomparable, conveniente a culturas muy distintas.

El desbrozamiento metódico del bosque presenta la gran ventaja en las regiones mediterráneas, de hacer prácticamente desaparecer todo riesgo de incendio.

Bien entendido, el desbrozamiento debe ser juicioso, es decir, mantener lugares propicios, densos en frondosidades y en soto, para preservar nidificaciones, moradas y refugios naturales para los animales salvajes.

Actualmente el desbrozamiento cuesta caro. Pero la práctica y elaboración de abono de malezas, puede preserbar los bosques de la cuenca mediterránea del fuego, y obtener como beneficio extra un excelente abono orgánico.

El empleo del abono de malezas permite también, en el marco de la repoblación una reanudación y un crecimiento acelerado de las plantaciones de árboles forestales.

Un material similar al concebido para la trituración y la elaboración de abono de los residuos urbanos podría utilizarse.

Cosecha de las malezas

Lo fundamental es la variedad, que garantiza el equilibrio en el abono. Una restricción: el diámetro de las más grandes ramas no deberá superar 8 mm. en el caso de una elaboración de abono manual. Así la poda no será destructiva para el vegetal sino limitado a los ramos más fácilmente posible descomponibles. Se trata de volver menos matorral la pantalla verde, no de destruirla. La protección del medio así está garantizada.
Las malezas se almacenan sobre una superficie de elaboración de abono que debe ser lo más extensa posible, una excelente situación es el linde de un bosque

Impregnación de la materia vegetal

Si se dispone de muy poca agua, es necesario aprovechar la lluvia para la indispensable operación de impregnación de la materia vegetal.

Se procederá a realizar mezclas y construir un montón rápido. Se podrán también extender sobre el suelo toldos para recoger el agua de lluvia. Se procederá entonces al riego del montón almacenado, con un riego normal, o por aspersiones cortas y repetidas.
El mejor método es la inmersión en barril, cuenca o cualquier otro recipiente no metálico.

Según se aporte maleza sobre la superficie de elaboración de abono, se la embalará en el barril vacío comprimiéndola mucho por adobamiento. Se la mantendrá comprimida con una pesada piedra, luego se llenará con agua hasta el borde.
Se dejará así medio día o una noche, la materia se impregnarámucho. A continuación se la sacará de su baño, y, bien escurrida, se la pondrá en montón.

Se realizará la operación tantas veces como sea necesario para obtener un volumen de cuatro metros3 de maleza húmeda, bien prensada, añadiendo el equivalente del agua absorbida. Este es, en efecto, el volumen mínimo que permite una fermentación adecuada.

No hay por supuesto ningún máximo, si no las posibilidades del ejecutante. Sin embargo es preferible hacer varios montónes sucesivos de 4 m.3 más bien que uno único mucho más grandes, por razones de conveniencia.

Es necesario tres días laborables de una persona para acumular e impregnar este volumen de malezas, que dará dos toneladas de abono listo para emplear.

Esto es el inicio de las transformaciones sucesivas que consiguen la obtención, 111 días más tarde, de un abono de malezas con las calidades óptimas, a condicion no obstante de que todas las operaciones siguientes estén realizadas con precaución, delicadeza y precisión.

Elaboración de abono

Tres semanas después del último día de la impregnación, el montón se encuentra desplomado y ablandado.

Es necesario entonces proceder a la elaboración de abono. Con ayuda de la horca dada la vuelta (dientes hacia abajo) se procederá a una clase de cardado golpeando vigorosamente el borde: la materia se frafmentará así, puesta en charpie, luego se lanzará al lado, o detrás sí. Una media hora de trabajo continuo basta para cardar el conjunto del montón. Nos daremos cuenta mientras que la materia cambió de aspecto: se volvió parduzca, con un olor amargo. Una ligera temperatura indicará un principio de fermentación.
Se procederá a continuación a la puesta en montón que es la más precisa de las operaciones de elaboración del abono. Las medidas siguientes se respetarán escrupulosamente: anchura a la base 2m20, altura en el centro 1m60, forma triangular. Longitud determinada por la cantidad de materia que debe compostarse. Se apilarán por ahorquilladas sin comprimir. Si se toma cuidado de lanzar la materia siempre en el eje mediano, se dará cuenta que el montón, al elevarse, toma la forma deseada. Duración: una media hora.

Siempre sin comprimir, se extenderá con una pala una capa de 2 cm de grosor, de tierra, arena, mantillo o de antiguo abono. Un cuarto de hora para esta operación.

Para finalizar colocaremos grandes ramas a modo de techo de choza, vendrán a garantizar la protección del conjunto contra la lluvia, la nieve, el viento y el sol. Terminada esta última mano, contando el tiempo necesario para la búsqueda de las grandes ramas en el bosque: una hora. En los días siguientes, una viva fermentación se desencadenará, culminando a veces a 75°.

Compost de 90 días

Al final de tres meses se obtienen el compost de 90 días, apto para utilización en superficie.
Es necesario exponer lo menos posible este compost a la luz del día, y cubrirlo con ramas o esteras si se debe ausentarse o suspender el trabajo durante varias horas.

La materia orgánica nutritiva constituida por el compost de malezas de 90 días sólo se administra una vez al año en superficie, en un grosor de 7 centímetros, al principio del cultivo de verano, siendo la de invierno la primera, en cabeza de rotación.

No se debe pues ocultar el compost de 90 días, porque está aún en un estado "grueso", que haría para el suelo un cuerpo extraño más bien que una comida. El ataque bacteriano que sufrió lo vuelve apto solamente a la utilización en superficie.
En efecto, tal materia solicitaría del suelo la mayor parte de su energía con el objetivo de descomponerlo, absorberlo, dividirlo, en detrimento de los vegetales que se desearía ver crecer. Peor aún, la "digestión" del compost que no se hace en el suelo de la misma manera que en superficie, tardaría en ser digerido un año e incluso, en algunos casos, dos años más tarde, la materia arbolada constituyendo el compost de malezas que reclaman este plazo de tiempo y pasar a ser entonces, pero solamente entonces, enriquecedor para la tierra.

Se puede, en vez de utilizarlo inmediatamente conservar y dejar madurar el compost de 90 días.

Cobertura

El papel de la cobertura es impedir la evaporación del agua del suelo y causar abonado, en el momento más caliente del día, una condensación apreciable a nivel superior del estiércol, y bajo ella una vida intensa en la oscuridad.

Es evidente que hojas, paja, heno o hierbas verdes sin semillas, helechos, juncos o hierbas de ciénagas causarán el mismo fenómeno. Mientras que la cobertura hecha de agujas de pino debe necesariamente retirarse para el cultivo de invierno, las coberturas obtenidas por los vegetales antes citados podrán incorporarse al suelo al final de la temporada por labrado muy ligero. En lo que se refiere a las agujas de pino, no se incorporarán nunca a la elaboración de abono.

Cuál que sea el vegetal elegido para ejercer la función de cobertura con el objetivo de proteger la tierra y el compost contra la evaporación, será importante comprobar, tras su colocación, la perfecta uniformidad del grosor, y de cuidar que todo este tapado, en particular en torno a los pies y troncos de las jóvenes plantas.

Una cobertura de protección mal aplicada, por ejemplo en los caminos, permitiría a la humedad del suelo marchar.

Aplicaciones

Un ejemplo de utilización del estiércol de 90 días con Alta Variedad:
En noviembre, a partir de las primeras heladas importantes, del suelo se quita el cultivo anterior (sandías). Los últimos frutos y matas se retiran, un labarado ligero (5 cm) entierra lo que subsiste de compost y de la cobertura del cultivo de verano.
Inmediatamente se siembran las lechugas de invierno.
En la primavera, un cultivo de pequeños guisantes enanos que sucede a las lechugas.
Entre el 5 y el 10 de mayo, recogeremos.
A finales de mayo: colocaremos el compost de malezas, que se cubre de agujas de pino para protegerlo de la luz del día.
Otoño e invierno: la superficie está ocupada por zanahorias.
Primavera: cultivo de espinacas, seguido de una plantación de tomates.
Generalmente, el jardín ve tres cultivos en el año, excepción hecha cuando se trata de verduras cuyo cultivo invernal o primaveral requiere el empleo del terreno sobre dos temporadas.
Los cultivos son protegidas durante el verano por bandejas, el riego no es necesaria. Por ejemplo, en el centro del verano provenzal, a 38° a la sombra, se pican de nuevo algunos puerros sin riego, pero después de garapinado en una mezcla de 3 kg de estiércol de malezas, 3 kg de arcilla roja y 3 litros de agua. Las raíces se cortaron a 1cm, las hojas a 10 cm. Después qué la cobertura es retirada, de los puerros rápidamente establecidos en el suelo, a a través de estiércol, y la cobertura restablecida. El gusano del puerro no se manifiesta .

Transformación en mantillo

Si no se usa inmediatamente el abono de 90 días, se cubrirá cuidadosamente el montón. Algunos meses más tarde se estará en presencia de un mantillo que permitirá las siembras finas, la cultura hortícola y floral de especies raras y delicadas, a condición no obstante de voltear el montón un mes antes de su utilización y de reconstruirlo a las medidas originales.

 

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