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Compostado en superficie, método Rusch Müller

Es un método basado en mantener y potenciar la vida del suelo y se le conoce también como el método de Rusch-Müller. Se fundamenta en la formación de compost directamenteen la superficie del suelo. Para ello el suelo debe estar constantemente cubierto por materia orgánica, generalmente restos vegetales sin enterrar. De esta manera se lleva a cabo un proceso continuo de formación de humus necesario para mejorar las reservas nutritivas del suelo.

En plan "vago" nos ahorra el trabajo de hacer compost... cuando menos para usarlo como fertilizante para los cultivos.

Esto entra dento de la llamada Agricultura Biológica, desarrollada por los suizos Hans Peter Rusch y H. Müller. La idea principal que aporta esta tendencia es que el ser humano tiene que asegurarse su subsistencia sin dilapidar los recursos que ofrece la naturaleza, sobre todo los recursos no renovables. Se concede mucha importancia al humus del suelo, a la utilización de compost en superficie y a la limitación del laboreo al estrictamente necesario, para evitar alteraciones de la microflora del suelo. Se abandona la idea de autonomía de la explotación y el agricultor puede comprar los fertilizantes orgánicos fuera de la misma. Rusch es el primero que aplicó argumentos científicos y económicos para justificar la eficacia de este modelo agrario.

Práctica

Consiste en esparcir sobre el terreno (nunca enterrar, ni envolver), una delgada capa de material orgánico (de menos de 10 cm.), dejándolo descomponerse y penetrar poco a poco en el suelo. Según se va dando el proceso natural de incorporación al suelo se esparcen nuevos restos en un proceso continuo. Cuanto más desmenuzado esté más rápida será la absorción pero también más rápidamente se perderán algunos nutrientes.

En zonas húmedas y en épocas no muy calurosas se puede depositar sin ningún tipo de protección. En situaciones de menor humedad ambiental y precipitaciones o altas temperaturas es mejor cubrirlos con una delgada capa de paja picada, hierba, coníferas, etc.

Este compostaje se emplea fundamentalmente en los huertos y sirve de acolchado de la tierra que a su vez impide la evaporación de humedad y el nacimiento de hierbas no deseadas e incluso protege de heladas en épocas frías.
Los organismos vivos del suelo son los que irán dando buena cuenta de los restos esparcidos y se encargarán de incorporarlos en los diferentes niveles del suelo.

El compostaje en superficie tiene sus limitaciones de uso en huertos, pues algunos cultivos como las judías y las zanahorias no admiten bien este tipo de fermentación. Aún así esta dificultad se puede superar con una adecuada distribución de las plantas y de este tipo de compostaje en el huerto.

Otra forma de compostaje en superficie consiste en sembrar leguminosas y otras especies (algunas crucíferas como las mostazas), para luego segarlas o triturarlas dejándolas sobre la superficie.

Esta capa no sólo sirve de protección, sino que, siendo de naturaleza orgánica, sirve de nutrición a los organismos vivos de la tierra que están en simbiosis en un proceso de transformación, de destrucción y reconstrucción que no debe
interrumpirse.

Los principales organismos que pueden intervenir en este proceso son:

  • Macroorganismos, que tienen una acción mecánica de transporte y mezcla de productos: insectos, arácnidos, miriápodos, etc., se alimentan de vegetales y, después de haberlos digerido, los restituyen al ciclo natural.
  • Microorganismos de toda clase, que intervienen en el proceso de transformación, como son:
    • nematodos, que son pequeños gusanos, en cantidad de varios millones por metro cúbico de tierra.
    • algas superficiales.
    • hongos, como los actinomicetos, que degradan la materia orgánica.
    • bacterias, que están en cantidad de varios millones por gramo de tierra. Entre estas bacterias, nos interesan los tipos que son capaces de fijar el nitrógeno atmosférico.
    • lombrices de tierra, organismos muy conocidos y fáciles de observar, que con su trabajo contribuyen a mejorar la fertilidad del suelo. Desempeñan un papel importante en la aireación de la tierra, que perforan con sus galerías, y contribuyen a la formación de la estructura grumosa del suelo que caracteriza a la fertilidad.